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Apuntes del subsuelo

Escritos de Antonio López del Moral Domínguez. Relatos, artículos, ideas, desvaríos y otros estilos de autocontemplación umbilical.

Acollonados

15-12-2005 11:55:50
Líbreme Dios, o cualquier otro, de convertirme en un defensor público del PSOE, pero creo que algo hay que escribir sobre lo que está pasando. A mi no me parece que "España vaya bien", frase que sólo se atrevía a pronunciar un tal Aznar, aunque esencialmente estoy de acuerdo con el meollo de lo que escribió Sánchez Cuenca en su reciente artículo de El País: que la situación es "manifiestamente mejorable", como diría Rajoy, pero que, desde luego, el "ruido mediático" que está haciendo el PP absolutamente en todo, no se corresponde con la realidad social. Una cosa es hacer oposición, porque siempre se puede ir a mejor, y otra muy distinta practicar el acoso y derribo, el "sea lo que sea, me opongo", el "critica, que algo queda", y, en general, la política del grito y el insulto. Encuentro cuanto menos hilarante que en asuntos como Europa, donde la estrategia de Aznar consistió casi exclusivamente en mirar hacia el otro lado del Atlántico y practicar la dejación, ahora vengan acusando al actual Gobierno de ser el "pagano", y declarando que "cada céntimo de fondos estructurales que se pierda estará bajo sospecha". Desde luego, qué razón tenía Goebbels cuando decía que una mentira repetida muchas veces termina por convertirse en verdad. Qué poco nos interesa recordar que cada acuerdo con los que el actual Gobierno está bregando en Bruselas se firmó durante los ocho años de gobierno conservador.

La estrategia del PP de acoso y derribo se complementa con una muy eficaz política de intoxicación informativa en todos los aspectos de la vida cotidiana, que, teniendo en cuenta el grado de aborregamiento de la sociedad, funciona a las mil maravillas. Por ejemplo, en el tema de la educación, se llega a la perversión de declarar que las manifestaciones de los obispos están movidas por el afán de la “libertad de educación y de elección de centro escolar”. ¡Por favor! La LOE, como ya dije en otro artículo, tiene muchísimos aspectos criticables, pero ninguno de ellos es el de que coarte la libertad de elección de centro escolar. Porque no lo hace. Lo que coarta la libertad de elección de centro escolar es la ausencia de centro escolar. Esa debería ser la piedra angular del debate, no la puñetera religión. No hay suficientes centros públicos de enseñanza, ni planes de construirlos en un futuro próximo. ¿Y que se hace para solucionarlo? La vía rápida: financiar los centros privados (normalmente propiedad de amiguetes) y convertirlos en esa cosa que se llama “centros concertados”, es decir, ni público, ni privado, sino todo lo contrario. O público en la financiación, que pagamos todos, y privado en la educación religiosa (católica, exclusivamente), y en la admisión de alumnos (ni gitanos, ni inmigrantes, ni alumnos con necesidades educativas especiales). ¿A qué estamos jugando?


La puñetera LOE tampoco coarta la libertad de recibir educación religiosa, verdadero núcleo duro ideológico de las protestas de los obispos. Lo que sí hace es garantizar que quien no quiera recibir educación religiosa, sencillamente no la reciba. ¿Tanto les cuesta entender eso? La LOE debe modificarse, pero para que garantice que “todos”, no sólo los alumnos de esos centros privados financiados con fondos públicos, puedan recibir una educación de calidad. Porque como decía antes, hoy, a consecuencia de la nefasta gestión de los ocho años de gobierno conservador, la educación pública en España se ha abandonado (al igual que la sanidad, pero ese es otro tema), y se está reservando exclusivamente para los inmigrantes y la gente sin recursos. Si quieres educación de calidad, págala (en un colegio católico, desde luego), y si no puedes, hipoteca, que algo queda. Es vergonzoso que haya colegios públicos con instalaciones lamentables, tan viejas que literalmente se caen a pedazos, llenas de goteras y desconchones, con las paredes sin pintar y además con un profesorado que trabaja en el límite, que no reciban dinero para arreglarse, mientras que para el colegio privado religioso de al lado, financiado con dinero público, todo son facilidades, setos de flores y árboles frutales, gimnasios relucientes y vidrieras de colores, como en las iglesias. Pero lo más vergonzoso es que teniendo ambos colegios el carácter legal de “públicos” , uno por su propia naturaleza, y otro por su sistema de financiación, y estando, por tanto, obligados a admitir alumnado inmigrante y de integración (es decir de población marginal, fundamentalmente de etnia gitana), los colegios privados concertados religiosos tengan ratios de 2 alumnos por clase, mientras que algunos públicos llegan a casi la mitad. Otros, se reservan casi exclusivamente para ese tipo de alumnado, convirtiéndose virtualmente en ghettos. Y no me lo invento: como miembro del AMPA del colegio público de mi hija, veo año tras año cómo funciona este tema.

Preguntaba unas líneas más arriba si tanto les cuesta entender todo esto. Mi opinión es que ni se molestan en intentarlo, porque no les interesa. Viven demasiado bien instalados en su modus vivendi, y les cuesta demasiado poco manipular a la opinión pública desde los púlpitos mediáticos y religiosos. Decía Bertolt Brecth: “malos tiempos son estos en los que hay que explicar lo evidente”. Cuando se abandona la lógica, la honestidad, la verdad y la objetividad con el único afán de aumentar el margen de beneficios, la realidad sólo es un estado de ánimo.


Dicho esto, que quede claro que pienso que este gobierno resulta tan decepcionante como era de prever. Yo creo que tendría que ser mucho más radical, y no mostrarse, como diría Carod Rovira, tan “acollonado”. Ser de izquierdas supone querer cambiar la realidad, y aunque algo han hecho (bodas gays, por ejemplo), es mucho más lo que todavía queda por hacer. Decía Lenin que la socialdemocracia es el mejor invento del capitalismo, porque ayuda a perpetuarlo creando la ilusión de que se avanza hacia la igualdad y la justicia social. Pero en su mayor parte es sólo eso: una ilusión. Desde mi punto de vista, la solución pasaría por la adopción de medidas mucho más radicales y de izquierdas. Quizá en el primer mundo la revolución socialista no llegue a darse, pero tampoco tiene ninguna lógica un juego “democrático” en el que el margen de actuación de un gobierno u otro es tan estrecho que la realidad no varía un milímetro. O que permite que, cuando esa realidad amenaza con moverse, las oligarquías puedan comprar candidatos, sobornar, reventar resultados electorales, con la mayor impunidad, y contando con la vista gorda de jueces convenientemente untados.

Mientras vamos diseñando otro futuro, yo pienso que la solución pasa por intentar organizarse socialmente, al margen de los gobiernos, e ir haciendo lo que esté en nuestras manos. El famoso “piensa global y actúa local”. El futuro está en las redes sociales. Un ejemplo muy claro lo tuvimos con los acontecimientos de marzo, el famoso “Pasalo”. La izquierda no está en los gobiernos. La izquierda está en el pueblo, y es el pueblo el único que tiene el poder de cambiar la realidad (de esto ya hablaba Trotski en “La Revolución Permanente”). Otra cosa es que ese pueblo esté también permanentemente “acollonado”.

Antonio López del Moral Domínguez

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